sábado, 23 de noviembre de 2013

EL DUELO Y LA INTERVENCIÓN PSICOLÓGICA EN MUERTE MASIVA


  • Duelo patológico: Realización de asistencia psicológica individual y/o familiar para elaborar el proceso de duelo y asumir el fallecimiento del ser querido a fin de que, pasado un periodo de tiempo prudencial, no interfieran en la vida de la persona.
  • Duelo en niños: Intervención psicológica con las familias para ayudarles a comunicarles la pérdida del ser querido y tratamiento psicológico cuando ésta no se asume.


El duelo es el proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier pérdida (pérdida de un empleo, pérdida de un ser querido, pérdida de una relación, etc.).


Aunque convencionalmente se ha enfocado la respuesta emocional de la pérdida, el duelo también tiene una dimensión física, cognitiva, filosófica y de la conducta que es vital en el comportamiento humano y que ha sido muy estudiado a lo largo de la historia. En la actualidad se encuentra en discusión el tema de si otras especies también tienen sentimientos de duelo como los seres humanos y, en algunas de ellas, se han observado comportamientos peculiares ante la muerte de sus congéneres.

Para poder resolver adecuadamente el proceso del duelo, de la muerte de un ser querido, es necesario e indispensable pasar por las siguientes fases de elaboración.

1.- ACEPTAR LA MUERTE DEL SER QUERIDO

Después de conocer la muerte de alguien importante en nuestras vidas, puede aparecer un sentimiento de incredulidad, algo dentro de nosotros que nos dice que es imposible que eso haya ocurrido, pero resulta tan fuerte que incluso aunque lo estemos viendo lo seguiremos negando.


Esto es un proceso que utiliza el cerebro para no sufrir. Cuando él estima que el dolor puede tener una intensidad superior a lo que se puede soportar, puede reaccionar de este modo. Otras formas de evitar ese dolor es provocando desvanecimientos en la persona, por eso, muchas veces, vemos como familiares y amigos se desmayan ante tanto dolor, porque no pueden soportarlos, es tal la amargura, el abatimiento, el dolor que su cuerpo reacciona de este modo.


A pesar de todo el dolor que estemos experimentando, debemos tratar de aceptar que esa persona ya no está entre nosotros, porque es la única manera de poder continuar nuestra vida, además de ser la realidad por muy cruda que nos resulte y no podemos cambiarla.

2.- ASUMIR EL DESGASTE Y LAS EMOCIONES QUE ESA MUERTE GENERA.


La teoría, como casi siempre, puede resultar fácil pero la práctica no lo es tanto. En este momento de pérdida, se suele dejar de comer, de preocuparse por uno mismo y hay un abandono notorio de la persona que está sufriendo. Lo ideal es que nos hagamos una idea de las dimensiones que la tragedia nos está provocando, de este modo podremos tratar de controlarlas. Debemos asimilar el dolor y, para ello, lo mejor es expresarlo del mejor modo que podamos, hablando, llorando…porque si no terminará por consumirnos poco a poco.


3.- ADAPTARSE A LA AUSENCIA DEL SER QUERIDO, APRENDER A VIVIR SIN ÉL.


Tras un acontecimiento de esta índole, debemos darnos cuenta que le vida sigue, que no se para en ese fatídico día, por ello, debemos continuar nuestra rutina diaria de este modo sobrellevaremos el dolor. No podemos quedarnos estancados, debemos ser fuertes y, así aprenderemos a vivir con esta ausencia.


4.- INTERIORIZAR LA MUERTE COMO ALGO MÁS QUE FORMA PARTE DE NUESTRAS VIDAS Y, DE ESTE MODO, PODER REHACER NUESTRA VIDA.


Una vez asimilada la muerte y el hecho de que no volveremos a ver a esa persona, comenzaremos a vivir nuestra vida lo mejor posible, para ello, es recomendable estar activo, salir a la calle, distraernos, ocupar todo el tiempo posible del día.

Las actividades que realicemos cuanto más involucrados estemos mejores resultados nos darán.



La mayoría de las personas no necesita ayuda para elaborar su duelo. El problema viene cuando alguien no resuelve adecuadamente alguna de estas tareas y siente que no consigue seguir con su vida sin que la pérdida interfiera en ésta de manera significativa. Al principio del proceso de duelo es normal que ocurra esto, pero mantenido en el tiempo puede desembocar en un duelo patológico, complicado o no resuelto, que podría definirse como “la intensificación del duelo al nivel en que la persona está desbordada, recurre a conductas desadaptativas, o permanece inacabablemente en este estado sin avanzar en el proceso del duelo hacia su resolución” (Horowitz, 1980).


En este sentido, una de las clasificaciones que más consenso ha adquirido establece cuatro subtipos de duelo complicado:


  • Duelo crónico. Pasa un año y la persona siente que nunca acaba. No termina de amoldarse a su nueva vida y sigue sin aceptar el dolor, la angustia o la ansiedad que siente al recordar la pérdida. La persona se detiene en alguna de las tareas descritas anteriormente sin llegar a su finalización.
  •  Duelo retrasado o pospuesto. Tras la pérdida la persona experimenta ciertas emociones, pero no todas las que existían, o con su verdadera intensidad y, pasado un tiempo, vuelve a experimentar una fuerte carga emocional ante algún acontecimiento que reabre la herida.
  •  Duelo exagerado: la persona se siente desbordada de dolor y trata de evadirse mediante ciertas conductas de evitación, como consumo excesivo de alcohol o drogas, centrarse obsesivamente en el trabajo, en salir o en cualquier conducta que le permita sobrellevar el dolor, lo cual puede llevar, en última instancia, a desarrollar algún trastorno psicopatológico, como problemas de ansiedad o depresión. Puede ser que la persona sea consciente de que hace todo esto para evitar el dolor que la pérdida implica, pero no sepa cómo afrontarlo.
  •  Duelo enmascarado: la persona presenta problemas físicos o realiza conductas que le causan dificultades, pero sin darse cuenta de que éstas tienen que ver con la pérdida no superada. Por ejemplo, puede experimentar síntomas físicos similares a los del fallecido antes de morir o desarrollar problemas psicopatológicos (ansiedad, trastornos alimentarios, etc.), sin ser consciente de que su malestar tiene que ver con el duelo no resuelto.


Es cuando se da este tipo de complicaciones cuando es precisa la intervención terapéutica, que ha de identificar las tareas que no se han realizado y ayudar a la persona para que pueda llevarlas a cabo. 


Consejos a tener en cuenta para la persona que ha perdido un ser querido:
  • Recordar que la aflicción es una emoción normal.
  • Participar en los rituales.
  • Reunirse con otros.
  • Cuando se pueda, hablar de ello. Se debe expresar las emociones y pensamientos. 
  • Hacer ejercicio.
  • Estar bien alimentado.
  • Unirse a un grupo de apoyo.
  • Expresar y liberar las emociones.
  • Crear un memorial o un tributo.

Si el dolor no disminuye después de un tiempo de la muerte del ser querido, puede ser patológico. Si el duelo se transformó en depresión y se tienen ideas de suicidio, la ayuda de un terapeuta profesional puede ser útil, al igual que el apoyo emocional recibido a través de los amigos.


Es importante que las personas que están atravesando un duelo no pierdan las ganas de vivir, aunque, seguir adelante y aliviar la aflicción del duelo no significa olvidarse de la persona que has perdido. Volver a disfrutar de la vida no significa dejar de extrañar a esa persona. 


Además de las pérdidas y duelos producidas por la ausencia de un ser querido, se pueden manifestar otro tipo de pérdidas, como por ejemplo, las mutilaciones corporales.


El duelo y la pérdida no están únicamente relacionados con la muerte. Al duelo por la muerte de algún ser querido, ya sea familiar o amigo, se le conoce más precisamente como luto.


El duelo es el proceso natural que se sigue después de una pérdida significativa, bien sea una persona, una relación, un objeto, una situación, La pérdida es precisamente el desprendimiento de una persona, una relación, un objeto, o una situación.


DUELO Y PERDIDA ESTÁN DIRECTAMENTE RELACIONADOS.


El duelo es un proceso que variara de acuerdo a la relevancia de la perdida, y por lo mismo será más o menos largo y más o menos doloroso según sea la capacidad de adaptación a la nueva situación.


Se sabe que se ha superado la perdida y completado el duelo cuando se es capaz de recordar aquello que se perdió sin sentir dolor y no causa ya sensación de vacío.


Como se menciono, la muerte es una de las formas más conocidas de pérdida, y el luto el inicio del proceso de duelo. Pero otra perdida muy frecuente es el divorcio, que también debe seguir un proceso de duelo. El empleo es una más de las perdidas frecuentes, y que si, también requiere un proceso de duelo.


No solo los adultos pasan por perdidas y duelo. Los niños, por ejemplo, experimentan perdidas significantes como cuando muere alguna de sus mascotas, hay una mudanza, los padres se divorcian, incluso el pasar de un grado a otro, por citar solo algunas.


El duelo puede pasar por varias etapas, según sea la pérdida, aunque hay generalidades que se pueden aplicar para casi cualquier pérdida. En el duelo se recomienda:


  • No guardarse los sentimientos. Es decir, no tragarse el dolor, el llanto, el miedo, o lo que sea que se esté sintiendo.
  • No recurrir al falso consuelo de las drogas, el alcohol, o la autoprescripción. Al contrario, solo lo pueden empeorar todo.
  • No es recomendable tomar decisiones importantes. Es mejor dejarlas para después, cuando el dolor esté cediendo.
  • Hay que mirar al futuro. La perdida actual no significa que la vida haya terminado.
  • No hay que rechazar el apoyo de los demás. Por ejemplo, si la pérdida fue del empleo y la situación económica lo requiere no hay que negarse a recibir ayuda de los demás.
  • Paciencia. Para sí mismo. Para los demás. Y más cuando hay personas que no entienden el proceso de duelo y pueden hacer recomendaciones que no sean las mejores.
  • Descansar. Si hay la oportunidad, divertirse.
  • Hay que ayudar a superar la perdida y terminar el duelo. No hay que dejarse caer y permanecer encadenado al pasado.

  • Cuando el duelo se prolonga más de lo recomendable, según sea la situación, hay que tener cuidado. Puede ser el inicio de la depresión.

¿SE PUEDE AYUDAR A ALGUIEN PASANDO POR UN PROCESO DE DUELO?



Ayudar a alguien que vive un proceso de duelo, no solo en el luto, puede ser difícil, pero no es imposible. Al contrario, es cuando más apoyo puede necesitar una persona.


Dependiendo de la perdida que se haya vivido, dependerá de lo recomendable para ayudar a la persona. Sin embargo, al igual que en el duelo, hay algunas recomendaciones generales que se pueden hacer:

  • No hace falta hablar. Puede ser mucho más recomendable tener disposición a escuchar. Las frases hechas puede que no sirvan de nada.
  • A una persona que está pasando por un proceso de duelo no hace falta animarlos o tranquilizarlos. Nuevamente, lo recomendable es más bien tener la disposición a escuchar.

  • Como parte de la disposición a escuchar es necesario dejar que quien está en duelo se desahogue. Esto implica respetar su llanto, dejar que hable, e incluso tener paciencia si se enoja y expresa su ira o su tristeza.
  • El contacto es importante. No basta una sola visita y ya. Una llamada por teléfono, un correo electrónico, puede ayudar a encontrar consuelo y que quien vive duelo lo supere.
  •  En casos más drásticos es posible que el duelo no se pueda superar por los propios recursos ni aun con el apoyo de la familia. En esos casos es recomendable buscar ayuda profesional. 
PRIMER PASO: CONTACTO 

La relación que se establezca con el doliente será la clave para el desarrollo del proceso terapéutico posterior. Se debe fomentar una relación de confi y de respeto, sobre todo del tempo de la persona, ya que en el duelo complicado observaremos niveles de funcionamiento muy variados en los 2 primeros años después de la pérdida.

SEGUNDO PASO: EVALUACIÓN 

  1. Se descartarán enfermedades médicas y trastornos de personalidad. 
  2. Se concretará si el proceso de duelo es normal o patológico. 
  3. Se realizará el diagnóstico diferencial. 
TERCER PASO: RELATO SOBRE LO QUE PASÓ 

Es necesario iniciar el proceso de conceptuar la pérdida, empezar a hablar de la misma.

1) Se realizará un relato sobre la pérdida, de una forma libre, sin condis específicas.
2) Se realizará la descripción de los hechos objetivos (qué pasó), las emos asociadas (qué sentí), las cogniciones que aparecieron (qué pensé) y la conducta (qué hice).

Este relato ayudará a aceptar la realidad de la pérdida. 

CUARTO PASO: EXPRESIÓN EMOCIONAL

Es imprescindible poder expresar el conjunto de emociones que se desarrollan tras la pérdida. 

1) Identificar las emociones: 

Carta a las emociones: en la que podamos describir qué es lo que sentimos paso a paso, desde la tristeza a la rabia, la frustración, la impotencia… 

Registro diario de emociones: mostrando a la persona qué tipo de emociones pueden aparecer, haciendo que esta ponga ejemplos que haya vivido anteriormente y recogiéndolo en el diario. X ej. Hay que tratar las formas en que se ha manifestado la culpa a lo largo de la vida del doliente y tener en cuenta que una de las formas en que esta se desarrolla en el duelo es a través del aislamiento social (“no salgo porque sería traicionar al familiar muerto”), donde la culpa está en no poder controlar el querer salir o hacer cosas. Una vez definidas las emociones que aparecen: aplicar técnicas de expresión emocional (cartas, narraciones, libros de recuerdos, poesías…). 

EMDR: si la pérdida es reciente, se puede trabajar con estimulación táctil el momento de la noticia, el velatorio, el entierro, las imágenes más perturbadoras y las creencias negativas que las acompañan. Si el duelo es de hace tiempo, se usa el protocolo habitual de la técnica, con las escenas más significativas y los momentos felices de la relación para instalar. 

QUINTO PASO: RE-SITUAR LO QUE PASÓ

Hay 2 técnicas eficaces para redituar a la persona muerta o cualquier otro tipo de pérdida:

1) Técnica de la silla vacía. 
2) Técnica de decir hola de nuevo. 
Se trata de ver la pérdida desde distintos puntos de vista: el nuestro propio, el de la persona que hemos perdido y cualquier otro que pueda facilitar el proceso.

3) Técnica de las esculturas familiares: si trabajamos con una familia completa. Cada miembro puede encontrar su posición en el nuevo sistema que se establece tras la pérdida de uno de sus miembros. 

SEXTO PASO: REORGANIZACIÓN Y ACEPTACIÓN

Los dolientes deberán concederse los permisos adecuados para trazar una nueva vida, ya que se sienten muy culpables de que la existencia siga adelante sin la persona querida.

1) Técnica de los permisos.
2) Trazar un mapa de la nueva vida: qué deseo para mi futuro, qué podría hacer… 
No se trata de olvidar, sino de cubrir un vacío para vivir.

SÉPTIMO PASO: FINALIZACIÓN 

Se finaliza la terapia cuando el doliente es capaz de pensar en el muerto sin dolor y ha elaborado todas las tareas del duelo. El duelo nunca acaba, sólo que a medida que pasa el tiempo, irrumpe con menos frecuencia. 

El proceso terapéutico acaba cuando el doliente es capaz de seguir con su vida de una forma adaptativa, teniendo en cuenta que cada día puede acordarse del muerto, sin que ello signifique un problema. 

Se valorarán la prevalencia, la intensidad y la frecuencia de la sintomatología detectada a través de la evaluación. 

OCTAVO PASO: SEGUIMIENTO Y PREVENCIÓN DE RECAÍDAS 

El seguimiento del caso debe realizarse a lo largo de 2 años. Durante este tiempo la evolución del doliente será variable. 

Hay que prevenir sobre el hecho de que esta evolución variable no significa que una recaída sea irremediable.



APOYO A LAS FAMILIAS Y ALLEGADOS
Desde el punto de vista de la salud mental, es fundamental brindar apoyo, consideración y respeto a los fallecidos y a los dolientes. Para ellos es prioritaria la prontitud y la certeza de la información sobre la suerte que han corrido sus seres queridos desaparecidos, por lo cual es muy importante brindarles información honesta y precisa para que sepan por ejemplo que pueden esperar del proceso, los métodos que se utilizan, los plazos fijados para la recuperación y la identificación. Se debe evitar así mismo, la información apresurada sobre hallazgos que pueda conducir a errores.
Algunas otras medidas son:
Establecer un área local que facilite la reunión familiar como ayuda a los parientes.

Los familiares de las víctimas deben ser los primeros en recibir la información del hallazgo e identificación de sus seres queridos, pero debe evitarse que los niños participen en la identificación visual de los cadáveres.

A los familiares se les debe permitir suministrar toda información que se tenga sobre el pariente desaparecido.

Debe respetarse la necesidad de los familiares de ver los cuerpos de sus seres queridos, como un componente del proceso de duelo.

La identificación y la entrega a los familiares cercanos debe hacerse lo más pronto como sea posible.
Es indispensable igualmente, tener siempre presente y garantizar el respeto las creencias y hábitos culturales y religiosos.
Debe procurarse el consejo y la asistencia de los líderes religiosos y comunitarios para mejorar la comprensión y la aceptación de la recuperación, el manejo y la identificación de los cadáveres.

Los cadáveres deben manipularse y disponerse con respeto y siempre preservando la dignidad del ser humano que fue. Se debe garantizar el manejo cuidadoso y ético, incluso en la disposición final de los cadáveres, además del respeto por la sensibilidad religiosa y cultural.

Se deben procurar servicios de apoyo psicosocial adaptados a las necesidades, la cultura, y el contexto, considerando los usos locales:
Canalizar el apoyo psicosocial de emergencia principalmente por medio de organizaciones comunales locales, ONG, cuerpos de socorro como la Cruz Roja y grupos religiosos.

Los menores que no estén acompañados y otros grupos vulnerables deben recibir atención prioritaria.

Es posible que se necesite apoyo material para completar los rituales funerarios, por ejemplo, la consecución de mortajas, ataúdes, etc.

Establecer servicios de apoyo para la tramitación de las formalidades legales y administrativas, por ejemplo, la obtención de certificados de defunción, permisos de enterramiento, etc.



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS: